5/5/12

Lack of time

Cerró la puerta tras de sí. Un ruido seco, afilado como una navaja precintada, sonó levemente y de manera ensordecedora para algún vecino. En el mundo que se abría ante sus ojos se encontraba una cama, una escritorio y dos lámparas. Una de ellas, la que daba luz aún, seguía con el precio puesto, la otra estropeada, daba oscuridad tanto encendida como apagada. Se sentó sobre la cama con las manos en la cara, como si quisiese deformarse el rostro hasta convertirse en el monstruo que llevaba dentro. Musitó dos palabras, un te quiero insípido sin cara ni cuerpo. La necesidad de decirlo le avergonzaba. Le asesinaba por dentro. Se echó para atrás bruscamente, buscando el impacto contra el colchón. Miró al techo buscando algo, un abrazo, compañía. Le entraron las ganas de después del sexo, cuando desnudo repasas la espalda y conviertes la carne en cariño. Pensó en llamar pero era un trámite muy largo, así que se puso a imaginar. De las tenues arrugas de sus sábanas surgieron pechos, vaginas y hombros que mordisquear. El calor de su huésped era tan agradable que esbozó una sonrisa para la nada. Te quiero tanto le dijo, tanto que no puedo evitar esperarte.

21/4/12

La vida de los enanos es más corta

Remember my name because one lonely day I will go so far away
Remember my name, it´s my gift
Forget me, just my name
like a sign in the wind, like a stone in your heart

Desprende los ojos del rastro
las ramas torcidas manchadas de sangre
el clima inhóspito que aceleró nuestras vidas
todas y cada una de las caricias que te hice con la mirada

Los años te escupen a la cara
arrancan de tus entrañas el placer con dolor
los espacios vacíos giran creciendo
Nombres, palabras, cucarachas

Hold me



15/4/12

En un pequeño mundo alejado de las emociones, de los mendigos, de la pobreza, de los parados, de las esquelas escritas en tinta negra, alejado de las cosas importantes...es mi cumpleaños, en mi pequeño mundo donde los problemas más nimios son gigantes, donde las metas no alcanzadas se vuelven presentes, donde los sueños perecen en Resakas, donde las lágrimas madrugan para asomarse, es mi día compartido con el resto de los seres vivos y los inertes. 31 años...joven, viejo, incompleto.

10/3/12

Metal

El miedo nos hace humanos. Matar por tanto a un hombre con miedo debería ser considerado como un doble crimen y ser juzgado en consecuencia. Lástima que no creo que vayan a juzgar a ninguno de estos cabrones por las barbaridades que están haciendo. Por los ruidos estoy seguro que están comprobando uno por uno a todos los fusilados y pasándoles por el cuchillo. De vez en cuando alguno grita de dolor y entonces se oyen rápidas incisiones hasta que cesan los gritos. Si los hombres merecemos una muerte digna y rápida sin dolor, estos cabrones están cometiendo más de un doble crimen me temo. A estas alturas de la guerra y con todas las fronteras cerradas por los países aliados ahorrar en munición es la obsesión de los generales. Ya están más cerca. Si consigo que no se note la respiración y aguantar la primera cuchillada igual sobrevivo. Me acuerdo cuando jugaba a hacerme el dormido. Mi padre me cogía en brazos y me llevaba a la cama. Recuerdo aquellos brazos gigantes, fuertes y severos que me trasladaban como si yo fuese una pluma hasta mi cama. Oigo como cavan a unos diez metros de aqui. Se quejan de lo seca que está la tierra. Ya queda menos. Puedo controlar el grito, lo que no creo que pueda es el gesto, tengo que aprovechar que estoy de espaldas y clavar la frente en la tierra. Ya está ahí. Cojo aire, me muerdo la lengua y... Dios, que dolor...la botas se alejan, el dolor es horrible, creo que me ha debido atravesar un pulmón...no se cómo voy a salir de esta, tengo las manos atadas a la espalda y si con suerte se fuesen no podría yo creo que ni incorporarme. Me he debido desmayar, la luz ya se ha ido prácticamente. Oigo como arrastran los cuerpos. Estoy perdido. Me encuentro débil, la sangre me ha empapado toda la ropa y noto como los insectos inspeccionan la herida. Ya están aqui otra vez. Esta vez son dos los que me agarran por los tobillos y empiezan a arrastrarme. ¿Donde me llevan?. La tierra me está quemando la cara y las pidrecitas me hacen cortes. Ya hemos llegado. Creo que estoy en el borde de algo. Noto que me empujan...y caigo. Estoy bocabajo de nuevo, sobre un montón de mis compañeros. El dolor es terrible. He vomitado un poco de sangre. Oigo como cogen de nuevo las palas y comienzan a enterrarnos. ¿Debería gritar y que se acabe todo?. Tengo que conservar la calma, ya ha pasado lo peor. Tengo que intentar poner la cabeza debajo de algún cuerpo para formar una cámara de aire. Pero no puedo moverme. Tengo un pulmón encharcado y cada vez me encuentro más débil.

Borradores que no serán más que eso

Pisaba la hojarasca con sus enormes botas de goma. Le encantaba ese sonido crujiente tanto en las tostadas como en las cucarachas negras que atrapaba bajo sus pies descalzos de madrugada. Escondía detrás de aquellos vestidos de catálogo encargados por su madre a una salvaje como bien decían en las sobremesas familiares. Entre preguntas de cómo podía llevar el pelo así y que iba a hacer con su vida solía dejar escapar un eructo para que la desterrasen a su cuarto. Pero ese día era libre y caminaba por el parque pisando las hojas con fuerza.

Abrió el cubo de la basura con ímpetu y al arrojar las migas que se habían desprendido del pan al cortar las dos rebanadas del desayuno entrevió los dos preservativos que había tirado la noche anterior. Uno anudado y lleno, el otro arrugado y vacío.


 Llevaba ya unos minutos en silencio cuando decidió empezar a escarbar más allá de los huesos de su paciente.
- Entonces, ¿me vas a contar que te pasa de una vez?.
El chico no debía tener más de 27 años, pero miraba continuamente al suelo, como si al inclinar la cabeza pudiese eliminar sus problemas con ayuda de la gravedad.
- Supongo.
- Suponer no es una respuesta correcta, digas lo que digas que sea un si o un no, el tiempo pasa, y después tengo otro paciente.
La primera sesión siempre era la más fácil en general, los pacientes estaban ansiosos por empezar a contar todas las cosas que les perturbaban la existencia, saltaban de un tema a otro dejando tantas pistas de infelicidad que solo tenía que estar atento para recoger en su cuaderno todo el contenido que pudiera. En ocasiones la letra resultaba ser tan inteligible al final de la sesión que tenía que releer una y otra vez hasta conseguir

Una noche llegué a casa y era un hogar. Me resultó raro porque al salir y cerrar con llave no tenía esposa ni retoño malhablado corriendo por el pasillo en el interior. Ladrones pensé, pero la mujer estaba buena así que le seguí la corriente.

Días de tormentas sin truenos ni relámpagos. LLuvia estéril y seca que apenas alimenta las cien gargantas de los que estamos abriendo la boca al cielo. Han pasado tres días y seguimos encerrados. Nos capturaron de madrugada entre silbidos en do menor y ráfagas de luces que atravesaban la carne como si pusieran mantequilla en un microondas a plena potencia. Pocos son los valientes que se atreven a pronunciar la prímera sílaba de cualquier palabra. A los que hablan se los llevan.



Jamás había roto un cigarrillo al quitarle la ceniza del extremo. Está vez la presión ejercida por su dedo índice se descontroló y al segundo golpe quebró el pitillo sin llegar a romperlo. Apenas una fina capa de papel mantenía unidas la dos partes claramente visibles. Se quedó mirandolo un buen tiempo. Estaba nervioso. Su mano derecha temblaba. Sentía que tenía el pecho hundido en un lago helado y le costaba respirar con un ritmo tranquilo. Me cago en todo masculló y se quito el sombrero para poder pasarse la manga de la chaqueta por la frente. Daba la impresión de estar incómodo en su traje, como si le viniese grande a pesar de ser de su talla. En el cursillo le dijeron que debía estar tranquilo y siempre ir elegante, pero él sabía que rompía las dos normas básicas.


Y ahí estaba ella por fin, desnuda en su piel cálida y serpenteante. Les separaban tres pasos o quizás dos. La oscuridad impedía calcular bien las distancias.


La resaka no me dejaba dormir así que me levanté intentando recordar como había llegado a casa. En el pasillo me cruce un hombre de cejas pobladas y bigote tan fino como una pestaña, y eso viviendo solo me extraño un poco, pero aún así continué en dirección al baño para soltar lastre. Sentado en la taza como un trozo de galleta esperando a que lo sorban reparé en el extraño señor que me había cruzado. Al salir del baño le encontré viendo la tele así que le pregunté quién era. Él me respondió que era su programa favorito que no le molestase en un tono poco conciliador, así que me achanté y me fui a la cocina a prepararme un buen café torrefacto. El aroma del café es algo que me encanta, al igual que al señor borde del bigote fino que en cuanto olió a café recien hecho me pidió uno. Desayuné en la cocina con cierta prisa, y

Se olió los dedos. Aún apestaban a ajo. Odiaba tanto hacer de pinche para su madre como que le encomendaran las tareas más ridículas. Abrir los tarros herméticos, pelar los ajos y machacar con el mortero el perejil, la sal y más ajos. Encontraba cierto placer en la tareas en las que necesitaba cierta destreza con el cuchillo y que le estaban prohibidas. No sabía si era precisamente porque no le dejaban desempeñarlas o por su relación estrecha con ese filo plateado que le cegaba. Cuando su madre le llevaba al viejo supermercado de su barrio se quedaba fascinado viendo como el viejo carnicero con pelos erizados en las orejas y delantal verde a rayas rebanaba la carne como si fuera mantequilla. El cuchillo entraba y salía limpio cortando huesos, tendones y carne magra sin ninguna oposición. Y ese olor a sangre coagulada con esos troncos de terneras y cerdos colgados exhibiendo su falta de vida le hacían sentir un agradable hormigueo.
















Seguir las huellas de tus pies por la arena esperando al viento que me pierda
a los labios que me arranquen la piel de la boca y me abracen las entrañas
a la mujer que despierte este cuerpo donde me refugio inerte
corriendo en soledad por la autopista con el billete de vuelta

9/3/12

Crab

Bla bla bla y bum, portazo. Lo de siempre. Klark soltó un resoplido que desplazó algunos enseres de la cocina lo suficiente como para que pudiese oír al otro lado de la puerta del bañó con su super oído las quejas de Lois "Lo de siempre coño, a ver si tiene un poco de cuidado, solo le pido eso, un poco de ...". Cui-da-di-to masculló Klark desde la cocina resignado a no poder manifestar la rabia que tenía dentro. En otro tiempo se habría ido volando de casa, a dar mi vueltas a la Tierra para enmendar el error que había provocado la discusión pero un buen día recibió una denuncia formal del gremio de reposteros y amas de casas ya que con tanto ir y venir en el tiempo los bizcochos no acababan de subir nunca. 

Los domingos eran el peor día de la semana, siempre discutían, tanta tensión acumulada de la semana, tantos supervillanos, tantos reportajes, tanto tiempo sin verse, la casa manga por hombro, y los comentarios de siempre de Lois, que si me haces daño con tu super fuerza, que no es que seas super cariñoso es que eres mega plasta,  que si por qué no te encargas tú de limpiar, barrer, planchar, cocinar, fregar etc etc con tu super velocidad, que por qué lo haces todo tan super rápido y tan super mal y el consiguiente ¿Es que tengo que hacerlo yo? ¿De verdad tengo que hacerlo yo? que por qué no te bajas al super y compras pañales y esto y lo otro, que si no quiere ir a comer a casa de la super abuela que habéis quedado con sus padres, que si te crees muy super en todo... 

"Canta" oyó decir a Lois al otro lado del baño, así que Klark para no oír las evacuaciones intestinales de su mujer empezó a entonar una de sus canciones favoritas, Everybody Hurts. Ya solo le quedaba tender antes de la segunda estrofa cuando se quedó pensativo mirando unas braguitas de Lois. Aquellas braguitas hacía mucho tiempo que no las veía, estaban bastante viejas, con la goma floja, algún que otro pequeño agujero en la tela y con el interior lleno de pelotillas. Era las que se ponía en sus primeras citas, cuando todo eran besos eternos y sexo apasionado. Y ahora era las que se ponía para correr muy de vez en cuando. Su relación había sufrido el mismo desgaste que esas bragas, la pregunta era por qué no las tiraba, por qué no le dejaba si ya habían perdido la pasión y parecía que le molestaba en todo lo que hacía. Klark se llevo esas bragas a la nariz e inspiró, con su super olfato reconoció desde el olor de la entrepierna hasta el de la campanilla de Lois y todos los sentimientos de aquellas primeras citas volvieron a recorrer sus venas, sentía como si un alud de amor y optimismo le inundase hasta que oyó decir a Lois "¿Pero que coño estás haciendo? ¿Has acabado ya de hacerlo todo?". 

Biciclo

- Mientes.
- Yo nunca miento.
-¿Entonces es una broma?
- Si
- Odio tus bromas
- Ya lo sé, últimamente no hay nada que no odies.
- No es exactamente odio ya me conoces, me desagrada tu manera de tomártelo todo a la ligera.
- Sabes que no es así, solo intento que tenga menos trascendencia.
- Pero para mi es algo serio.
- Lo sé, lo sé, pero no puedo evitarlo, antes sonreías con mis tonterías.
- Y antes eran más graciosas.
- A tí te lo parecían debe ser.
- ¿Me estas echando la culpa?.
- No, no, son cosas que pasan...
- ¿Que quieres decir?
- Pues que llevamos mucho tiempo y al final...
-¿Que final?
- ¿Por qué me preguntas por un final?
- Si tu los has mencionado.
- Mucho interés por la palabra final de repente.
-¿Quieres que acabemos?
-¿Lo quieres tú?
-¿Me puedes responder?
- Respóndeme tú.
- ¿A qué?
- A eso, lo del final.
- Si, este es el final
- Mientes.
- Yo nunca miento.
-¿Entonces es una broma?
- Si
- Odio tus bromas
- Ya lo sé, últimamente no hay nada que no odies.
- No es exactamente odio ya me conoces, me desagrada tu manera de tomártelo todo a la ligera.
- Sabes que no es así, solo intento que tenga menos trascendencia.
- Pero para mi es algo serio.
- Lo sé, lo sé, pero no puedo evitarlo, antes sonreías con mis tonterías.
- Y antes eran más graciosas.
- A tí te lo parecían debe ser.
- ¿Me estas echando la culpa?.
- No, no, son cosas que pasan...
- ¿Que quieres decir?
- Pues que llevamos mucho tiempo y al final...
-¿Que final?
- ¿Por qué me preguntas por un final?
- Si tu los has mencionado.
- Mucho interés por la palabra final de repente.
-¿Quieres que acabemos?
-¿Lo quieres tú?
-¿Me puedes responder?
- Respóndeme tú.
- ¿A qué?
- A eso, lo del final.
- Si, este es el final

11/2/12

Far Far Away

La distancia de tus brazos marca el infinito.

Desazón

"La vida son dos días", frase que resume la vida en 48 horas, y en esas horas te da tiempo a nacer, crecer, que te duela el cuerpo y el alma, sonreír y despedirte si tienes suerte de los seres queridos y de los no tan queridos, ¡toma peineta hijo puta! ¡yo te maldigo por los siglos de los siglos! claro que los desqueridos, inqueridos o requeridos en este grupo tiene la última palabra ¡Te mueressss! Pum. No hay más vuelta de hoja y la de tiempo que perdemos sufriendo, cagándonos en el Sistema (apréciese la mayúscula) que nos acompaña, con lo fácil que es vivir en la rueda como un hamster cuya vida es una hora de los dos días. Pero el ser humano necesita quejarse, necesita llorar, necesita ponerse violento y sobre todo dar por culo (sin entrar en materia sexual). El porqué de esto último se explica en la necesidad de placer que subyace a cualquier acción que realizamos, por la pérdida o por la búsqueda, el que vive en Stand By es simplemente un molusco con el don de la palabra. 

18/1/12

Crónica en vivo de una muerte en vida

Un día cualquiera de ese montón de días, que contiene cualquier vulgar calendario de oficina o de cocina, empezaron sin darse cuenta a deshacer el amor como quién deshace un nudo bien amarrado o desenreda ese caos inevitable que se forma al poner tres cables juntos. Los amigos más cercanos serían incapaces de decir quién de ellos comenzó el proceso, simplemente son conscientes de que sucedió. Ni tan siquiera ellos mismos podrían decir en qué momento el amor se convirtió en costumbre, y esa persona sin la cual no podían ni existir se transformó en el mismo impedimento para sentirse vivos. Lo que apuntan fuentes expertas es que la evolución fue tan lenta que ninguno de los dos experimentó sufrimiento alguno. Los gurús del amor les acusan de no haber estado nunca realmente enamorados, poniendo el grito en el cielo precisamente por la falta de gritos, llantos y reacciones de desesperación. Sus respectivas madres en una conexión en directo simultánea, manifestaron su pena y malestar por lo sucedido, textualmente dijeron al mismo tiempo "Que pena, era muy buen chico/a". John Rickeon, el famoso poeta aprovechó el momento para hacer publicidad de su libro, "El amor es como un azucarillo, si le das vueltas se deshace". El que fue más lejos fue el cura de su barrio que les denunció a las autoridades por ostentación de desamor. El juez les dejó en libertad tras no encontrarse culpable transcurridos tres meses.

31/12/11

2012

El último trago en la última noche del año, un año más, una noche más, la completa normalidad con la anormalidad de sentirme más incompleto que nunca. Empiezo a alcanzar esos días que tenían que llegarme y al dejarlos atrás el miedo deja de doler. La soledad es inversamente proporcional a la cercanía de un cuerpo.

6/12/11

Ese instante

Ese instante en que de repente la soledad te agarra el pecho impidiendo que el aire entre y salga,
ese instante en que todo da igual, desde la muerte hasta la felicidad,
ese instante en que tus ojos no comprenden lo que ven, donde tu mente se vacía del revés,
ese instante en que las tripas te duelen y descomen todo los alimentos masticados,
ese instante donde te mueres vivo y vives en tu muerte sin que se entere ni tan siquiera el ruido,
ese instante donde los nombres se vuelven gritos,
ese instante donde solo quieres huir descalzo hasta la extenuación,
ese instante que guardas secreto, que escondes constante,
ese instante para arrojarse al aire, para aplaudir el suelo con el cuerpo,
ese instante,
ese instante,
ese instante.

19/11/11

Tos Muscular Seca

Los sueños se evaporan como el agua ardiendo
solo la senda de las huellas de tus brazos permanecen
perennes como cicatrices en mi espalda desnuda
lejos de mis ojos pero tan cerca del recuerdo

17/11/11

Las palabras mudas.

No se puede amar a quién no te ama. El cabrón del psicólogo había acertado de lleno a pesar de sus vagos intentos por esconder lo que realmente le pasaba. En dos míseros días parecía que le conocía mucho mejor que todos sus amigos a los que tenía que ocultar la vergüenza de haber recaído en el pozo de sentir algo por alguien inalcanzable. Hacía un día singularmente apropiado, como si su estado de ánimo pudiese haber decorado el cielo con motivos grises y hubiese deslizado sobre el suelo un manto de hojas secas que al pisarlas recordase la necesidad de morir que tienen las cosas del mundo, lo sentimientos sobre todo. El camino se le hizo más largo de lo habitual, la gente pasaba a su lado mirándole y mascullándole palabras en su imaginación como loser, estás solo, nunca te va a querer o se la está tirando otro. Las nauseas provocadas por la ansiedad le hicieron pararse un par de veces, con los ojos se fijaba en las parejas, en cómo se agarraban de las manos, como jugaban con sus bocas a darse besos y sobre todo, en aquello invisible que solo se puede ver con la envidia del que no lo tiene. Puto cabrón psicólogo, que razón tenía. En aquel breve instante donde la esperanza se le agarró al bordillo de la garganta para pronunciar su voz y darle alas a la imaginación y al amor todo lo demás desapareció. Fue tan agradable dejar de darle importancia al dinero, a la soledad, y a tantas otras cosas que cuando tuvo que volver a la realidad y enfrentarse a un desamor express se derrumbó. Al llegar a su casa arrojó los zapatos lejos, se hizo un ovillo en su sofá y cerró los ojos deseando que al despertar se sintiese algo mejor. 

11/11/11

El Candil

Es la ausencia de olvido lo que hace el recuerdo,
al recuerdo lo alimentan las constantes miradas hacia dentro,
la tristeza surge de mirar con los ojos bien abiertos,
tan abiertos como te permita la luz,
la luz que no te deja estar ciego.

8/11/11

Duda

¿Es el amor una enfermedad de transmisión sexual?

3/11/11

Marcha Nupcial

La sonrisa del espectador liviano
junto a las ojeras del mendigo borracho
las palabras huecas de los domingos vacíos
las murallas encerradas hacia fuera
transeúntes como ventiscas
intrépidos sentimientos malamente digeridos.

31/10/11

Marcha fúnebre.

Ves arte en mis labios
como yo veo el cielo de la guerra en los tuyos
son tus ojos dos monedas suficientes
para comprar paz en el corazón del reo
y en todo lo que pienso es en la superficie inacabada de tu piel
el espacio para todas mis huellas.

25/10/11

Texto Hall

Lo sabré cuando la vea. Con ese pensamiento se levantó de su silla de despacho dándose un pequeño impulso, de tal manera que la silla desgastó un poquito más la pared contra la que chocaba constantemente. Se subió al ascensor que casualmente bajaba. A su lado una secretaria de recepción le puso brevemente cachondo. Un amago de erección a partir del sexto piso provocada por la imagen de ella levantándose aquella mini falda y poniéndole su jugoso culo a su entera disposición. Al llegar al bajo se rompió la escena y salió andando tranquilamente. Lo sabré cuando la vea se repetía. Normalmente se masturbaba a conciencia antes de una cita como la que iba a tener, donde si no hablaba mucho y se limitaba a escuchar tenía muchas posibilidades de acabar follando. Llegó al cine, no había mucha gente, pero decidió esperar antes de comprar las entradas. Al poco tiempo se le acercó una mujer. Los rasgos de su cara no eran del todo feos, a excepción de la nariz, que resplandecía en tonos rojos por sonarse con pañuelos baratos. - No me encuentro muy bien, pero si quieres nos tomamos algo en mi casa en vez de ir al cine. Lo que venía a decir para él:  hoy me follas, respondiendo a la inquietud que le había acompañado todo el día. El cuerpo no era precisamente de capricho. Caderas anchas, pechos pequeños y una oreja élfica remataba un cráneo singularmente desproporcionado con la anchura de su espalda. Al menos tenía conversación y de vez en cuando le clavaba la mirada en el paquete. Al llegar a su casa la cogió por la cintura por detrás besándola el cuello mientas con la mano derecha le acariciaba un pecho sobre la ropa. A los pocos segundos ella se logró dar la vuelta y se besaron en la boca. La saliva y la mucosidad de su resfriado se unieron en sus labios. Cuando se dio cuenta se apartó ligeramente.- Desnúdate, le susurró ella, yo ahora vengo. Llevaba ya un rato desnudo cuando pensó en sentarse pero por dos motivos no lo hizo, uno porque sentado y desnudo su aspecto era realmente deplorable porque la grasa de la tripa se le amontonaba y dos, porque uno nunca sabe si entre las lianas de los pelos de su ano podría quedar algo que pudiese manchar. Al entrar de nuevo al salón ella dejó un móvil en la mesa, como si acabase de hablar con alguien. - Tendrás que esperar un poquito más. No entendía que pasaba así que se dirigió a ella andando como un vaquero arqueando las piernas. Al oír que llamaban a la puerta se enderezó de golpe. - ¿Quién es?. Ella se dirigió a la puerta y la abrió sin dudar. Un hombretón fornido entró antes de que pudiese ni tan siquiera acercarse a su ropa. - Así que te querías follar a mi mujer ¿eh?. Y luego se rió. La risa no le encajaba en ese contexto así que intento alcanzar sus pantalones para salir de ahí lo antes posible pero un fuerte empellón le mandó al suelo. - ¿A donde vas? y volvió a reirse. - Me voy, perdón, no sabía que su mujer... . El rostro del hombre se desencajaba y encajaba en constantes muecas hasta que se le acercó y le propinó un golpe en el rostro que le hizo perder la consciencia. Al despertar notó como su cabeza le dolía a horrores. Tenía una brecha parcialmente coagulada debajo del párpado izquierdo lo que le impedía abrirlo con normalidad. Estaba atado en una silla de madera de cara a la mujer y al hombre que cenaban tranquilamente viendo la televisión. Una mordaza le impedía hablar así que giraba el cuello y lanzaba sonidos guturales, pero con esos esfuerzos solo consiguió que la cabeza la doliese más. - ¿Quieres algo de postre cariño?, le dijo la mujer al hombre. -Ya sabes lo que quiero. El hombre se le acercó y se puso de rodillas entre sus muslos, le cogió el pene con la mano y se lo introdujo en su boca. El miedo estaba a punto de reventar de sus ojos como un grano, pero al final reventó su polla dejando un hilo de semen en la boca del hombre. - Te toca, gritó de manera enérgica, mientras se sentaba en el sofá. No la vio venir, pero la mujer se le acercó por detrás. Oyó un ruido seco y a continuación un dolor palpitante en el omóplato. Notó como la sangre resbalaba por su piel hasta precipitarse a una lona de plástico que habían puesto debajo de la silla. Oía también el crujir de los huesos tras cada cuchillada. Después de unos segundos solo era capaz de oír  tendones cortados, la carne siendo atravesada y el sonido metálico de una bragueta que se deslizaba.